Monthly Archives: August 2019

Psychologe Freud

精神分析的创始人弗洛伊德就出生于维也纳。但是不知为何,维也纳市区里很少有弗洛伊德的痕迹。他的纪念馆非常隐蔽,去的人很少,也没有什么著名的以弗洛伊德命名的街道或广场。维也纳大学的主楼里面倒是有一个弗洛伊德的头部雕像,但是是和其他无数著名校友一起排列在走廊两边,并没有特别的纪念。其实,弗洛伊德对世界的影响相当大,尤其是在文学艺术领域。

去年,维也纳医科大学的校园里迎来了一尊弗洛伊德的雕像,算是弗洛伊德的回归吧。另外,在沃蒂夫教堂附近,有这样一个弗洛伊德的纪念碑。如果对精神分析感兴趣,还是值得来看一看的。

Historias de la vida diaria en casas sin ducha

Cada vez me sorprendo más de los diferentes mundos que conviven en éste, las vidas distintas, las historias diferentes, completamente opuestas a las de uno. Y a veces, en mi nube de buenas-cosas-que-me-pasan-todo-el-tiempo, no llegan las noticias de otras realidades, de otras vidas diarias, sin lujos como los míos. Pero cuando estas noticias llegan, siento un poco de vergüenza de mis pequeños problemas, medidos ante las vidas de otras personas.

Bueno, todo esto he pensado anoche gracias (y lamentablemente) a que estuve viendo “Altagsgeschicten”, de Elizabeth Spira, por el canal ORF. “Altagsgeschicten” significa “historias de la vida diaria”, y ya les he hablado de Elizabeth Spira, esta periodista austriaca, recientemente fallecida que hizo películas documentando a personas austriacas, como dicen el título del programa, en su vida diaria y normal.

Ayer vi sobre los ancianos que van a los baños públicos en Viena. En mi país no hay tanto esta costumbre de ir a una piscina pública a nadar, pero acá es bastante común. Y resulta, me enteré anoche, que es común que la gente vaya a bañarse ahí porque no tienen duchas en sus casas. En el concepto arquitectónico de esta ciudad vieja, la idea de baños privados no existía y un edificio entero compartía uno en un área común. Luego mi compañera austriaca me explica que el baño donde tomo calientes duchas todas las mañanas, fue construido por la dueña de la casa hace pocos años.

Pero esto no es lo que más me llamó la atención. Sino las personas mismas, ancianos con universos complejos, de casas sin ducha, camas sin marido, esposas muertas, vida monótona frente a la televisión, soledad de hace 20 años, cigarros, noches sin sueños, tristeza y mucha tristeza. Spira tuvo la agudeza de entrevistar a estas personas con respeto y éstas podían entonces abrir sus puertas y contar sus vidas. Admiro el periodismo de este tipo, que ante la oportunidad perfecta de resaltar lo ridículo y burlarse de lo peor de las personas con morbo, no lo hace, y en cambio narra una historia con respeto, honestidad y, por qué no, con un tipo de amor incondicional.

Esto de ver programas de acá en idioma original me sirve mucho para aprender alemán, como he dicho, pero también para aprender más sobre el mundo que hoy me rodea. Aprender algunas cosas nuevas del ser humano, hasta qué punto éste puede estirar su resistencia. Y también me hace pensar que es una maravilla tomar duchas calientes y meditar mientras en lo que quiero ser en mi vida, en mi esencia, en mis problemas y en mis blablablá, en épocas en que tener tiempo y cabeza para el autodescubrimiento es un lujo.

También espero que esto que escribo y todas las acciones que hago sean guiadas por ese tipo de amor incondicional.

Correr en el palacio

Entre tanto trabajo mental, gramática del alemán y deberes, muy bien cae salir a hacer ejercicios.

Desde niño me gusta el deporte, aunque prefiero los deportes que se juegan, como el fútbol o el ping pong, y no tanto los que son solamente ejercicio, como correr o hacer gimnasia, por ejemplo. Sin embargo, me gustaría mucho incluir en mi vida una buena rutina de ejercicios y tener el ánimo de salir todos los días a correr por la ciudad. Creo que el deporte sería la solución a todos mis problemas.

Hoy salí a correr por la tarde y me hizo muy bien. Fue un poco difícil porque acababa de comer espagueti y además hacía mucho calor, pero pude completar tres vueltas alrededor del jardín enorme del Palacio Belvedere. En total: 4,100 metros en 28 minutos.

El Palacio Belvedere es una hermosa construcción del siglo XVIII de estilo barroco, compuesto por tres edificios, el Belvedere de abajo, el Belvedere de arriba y un palacio más que hoy funciona como Hotel. El Belvedere está a 300 metros de la casa donde me quedo, y fue uno de los primeros lugares que conocí cuando llegué por primera vez a Viena hace tres años. Recuerdo que me quedé fascinado ante tanta majestuosidad.

Hoy, años después, corrí entre sus jardines entre otros atletas y muchos turistas, atraídos por la belleza del palacio, por las lagunas, por el parque botánico y por las exposiciones en los museos. El Belvedere es una visita obligatoria y me siento muy afortunado de que esté tan cerca y pueda ser algo así como mi parque de diversiones.

Mi cuerpo y mente se sienten bien ahora. Listo para las clases de mañana y por qué no, para un poco de espagueti para la cena.

“Du musst Filme schauen”

(Debes ver películas)

Hay varios consejos para aprender un idioma. Además de ir a tu escuela todos los días y hacer tus tareas, debes conversar, leer, escuchar radio y por supuesto, ver películas.

Hace unos días pregunté a mi profesora cuál era la mejor manera de afrontar esto de las películas: “en inglés, en subtítulos en alemán como para entender algo ¿no?”. Me sorprendí cuando me dijo que no, que debía ser “en alemán con subtítulos en alemán”. Pensé que no iba entender nada.

Pero hoy tuve ganas de probar este consejo por primera vez y me ha ido increíble. Primero pensé en hacer trampa y ver “Interestellar” en Netflix en inglés con subtítulos en alemán, pero vi que eran casi tres horas de película y me desanimé. Entonces pensé, “ok, algo conocido… “Friends””. Empecé viendo en inglés con subtítulos en alemán pero la verdad es que no prestaba atención a los subtítulos porque entendía el inglés.

Entonces decidí seguir el consejo y vi “Friends” en alemán. Estuvo bien. Vi dos capítulos, no entendía mucho pero como conocía los diálogos de memoria, completaba así los espacios en blanco. Pero me era aburrido y un poco raro escuchar las voces de los actores en alemán. Como me sentía seguro, decidí ir por algo de verdad.

Entonces me acordé de Elizabeth Spira. Ella fue una periodista (fallecida hace unos meses) que tuvo dos programas muy conocidos en la televisión. Uno de ellos se llama “Liebesgschichten un Heiratssachen”, donde entrevista a personas mayores que buscan pareja. Los programas están online en el canal del estado (ORF), gratuitos y con opción de subtítulos.

Era justo lo que quería. Algo interesante. Se trata de personas mayores que buscan pareja pero la periodista era muy inteligente y hacía muy buenas preguntas, sin tratarlos ridículamente. Así podías conocer en confianza un poco el universo de cada una de estas personas. Sus tristezas, sus sueños, sus pasiones, sus pensamientos sobre ciertos aspectos de la vida. ¡Sí! Entendí más de lo que esperaba. ¿Cuánto esperaba? Un 5%. ¿Cuánto entendí? Diría que un 15%. Vamos. En este punto de mi aprendizaje, y con un idioma complejo como el alemán, esto me parece bastante.

Vi una hora este programa y creo que lo voy a hacer cada día. Así puedo mejorar mi idioma y además, lo mejor, conocer un poco más sobre la cultura austriaca, más allá de Mozart, el Danubio Azul y Schönbruhnn. Es decir, la del día a día.

Die beste Sprachschule in Wien

Una semana difícil (con soluciones)

Por primera vez en nuestra relación, el idioma alemán y yo hemos tenido una pelea.

Desde que lo estudio, ha sido la primera vez que me sentí frustrado. Durante una semana perdí el ánimo de ir a la escuela, de hablarlo entre mis amigos. Me entró una corriente de preocupación que no me dejaba tranquilo. Estuve de mal humor.

Después de pensar y consultar qué hacer decidí conversarlo con la escuela y la respuesta fue mejor de lo que esperaba. Conversé con Lisa, una mujer alta con perfecto inglés quién cuando me vio entrar por la puerta de su oficina, dejó de hacer lo que estaba haciendo para escuchar mi pequeño inconveniente. Me escuchó atentamente. Conversamos, me dio tranquilidad y me propuso alternativas que adopté y ahora me hacen sentir mucho mejor.

Ahora viene a mi memoria la primera vez que fui a la Deutscheakademie, para averiguar los costos, los programas, y me atendió muy bien una mujer que hablaba también español. No recuerdo bien su nombre, solo recuerdo que empezaba con D. Pero no exagero cuando digo que tomé la decisión de estar en la academia por su carisma y buen trato. Hace poco la vi y se lo agradecí. Y así me sucede con cada uno de ellos, cuando he acudido a preguntar algo, siempre sale todo bien.

Este pequeño post es para agradecer a esas personas que trabajan en la administración de la escuela, que montan todo el aspecto administrativo con buen humor, inteligencia y seriedad. No estoy muy acostumbrado a salir contento de una oficina administrativa, así que, en verdad muchas gracias por su trabajo.

Mientras tanto, el alemán y yo nos hemos reconciliado.

Mi calle favorita

Todos los días de regreso a la academia paso por una calle que se ha convertido en una de mis favoritas: Canovagasse.

(Vale decir que por unas semanas me he mudado de casa y mi ruta ha cambiado. Para conocer mi ruta anterior, consultar: Mi camino a la escuela”)

Bueno, en realidad en esta ciudad con tantas calles bonitas, cambio de calle favorita cada semana. De hecho, cuando llegué tenía mi chiste de que mi calle favorita era “Favoritenstrasse” (de hecho se llama así).

Pero ahora Canovagasse tiene la pinta de que va a ser mi favorita por un buen tiempo. ¿Razones? Todas muy personales.

A ver, primero describámosla. Es una calle normal, que sale del Ring y desemboca en Karlsplatz. Como muchas calles de Viena, tiene edificios estilo clásico, blancos, altos y apenas pasa un auto cada minuto. Lo que tiene de especial es que el ángulo de esta calle da una perspectiva impresionante a Karlsplatz, una de las plazas más importantes de la ciudad. Por su perspectiva, proporciona también una muy buena vista al Wien Museum. He paso algunas tardes de regreso a casa por acá y, para mejorar las cosas, el sol le da un color fascinante. Me he sentido feliz en su pequeña extensión.

Y bueno, por razones de gusto personal, me emociona mucho que acá quede la clásica casa de pianos Bösendorfer. Asimismo, esta calle es uno de los costados del Musikverein, una de las salas de conciertos más representativas de Austria. Así que si tienes suerte puedes escuchar desde afuera un poco de Ópera como me pasó a mí anteayer.

Con su vista de la plaza, los pianos, la música y los edificios, la calle cumple con todos los clichés vieneses, y a mí que me gustan los clichés… Bueno, dicen que una imagen vale más que mil palabras. Les dejo la imagen.

Buenas tardes a todos.

 

El mundo más allá de Viena

Comparado con el Perú y los países de Sudamérica, Austria (y todos los países de Europa), son muy pequeños. Si mi presupuesto lo permitiera, podría desayunar en Viena, almorzar en Brastislava (Eslovaquia) y cenar en Praga (República Checa) el mismo día. Ahora que estamos en pleno verano, la gente se mueve en caravanas a los países vecinos, en especial a Croacia e Italia por sus playas, también hacia Francia, Grecia u otros destinos. Todo está realmente muy cerca.

Las capitales son también mucho más pequeñas y menos concentradas que las de Sudamérica. Para mí, en metrópolis como París, Viena, Roma o Madrid se siente un ambiente de liviandad, una sensación de espacio libre, incluso de silencio, que me fascina (aunque por supuesto los locales se van a quejar que cada día todo es peor). No es que haya poca gente, sino que los medios de transporte movilizan a millones de personas en un orden que no deja de asombrarme.

Claro. Acá también la gente viaja con el metro lleno. Las esquinas se llenan de coches en horas pico. Hay filas en los supermercados y los bancos también, pero desde mirada sudamericana, aunque a veces no quiero, no puedo evitar hacer comparaciones.

 

Después de tres meses en Austria, y experimentar estas comparaciones, hacer los contrastes, conversar conmigo, entiendo con calma que cada lugar del mundo vive su momento en la historia. Entiendo mejor las relaciones entre todos estos lugares del mundo y cómo se influenciaron y se siguen interviniendo en el paso del tiempo. Entiendo que ninguna ciudad es un caso aleatorio, sino la consecuencia de un proceso, el resultado de algo, y también, la causa de algo nuevo.

Entiendo un poco más, con todo el sobresalto que me ocupa, que todos estamos involucrados entre todos. Bien dijo el ex presidente de Uruguay José Mujica, que es momento que el hombre se piense a sí mismo como humanidad, como especie, y no como un sujeto dentro de unas fronteras imaginarias.

¿A qué viene todo esto? No sé bien. Solo escribo y comparto con ustedes todo lo que pasa por esta cabeza inquieta todos los días, entre la gramática del alemán, las cuentas del día y la limpieza de la habitación. Porque… ¿de qué se trata todo esto de vivir fuera de tu país y aprender un idioma si no de transformar un poco tu pequeño universo?

Oberosterreich y yo

Cuando tenía 13 años y jugaba fútbol con mis mejores amigos, tomando prestados los nombres de las estrellas latinoamericanas Maradona, Ronaldo o Marcelo Salas, no tenía idea lo que el futuro tenía para mí. Tenía un plan, pero nada de eso pasó. Hoy, sin embargo y contra todo pronóstico, tengo una relación con Oberosterreich.

De Austria, en esa época no sabía nada. Probablemente pensaba que era lo mismo que Australia. Todo lo que sabía del mundo lo sabía por el fútbol y por los álbumes de la Copa del Mundo. Así sabía que había un país que era Bulgaria y su capital era Sofía, que la de Rumania era Bucarest, y de Noruega, Oslo. Gracias al fútbol me volví un experto en capitales del mundo. También supe que había dos Alemanias en el 90 y que en el 94 Yugoslavia desapareció, sin saber por qué. Así, todo lo que sabía del mundo y geopolítica era gracias a las Copas del Mundo.

Pero ¿Austria? Ni idea.

Después, cuando tenía casi 20 años y me interesaba mucho la música apareció Mozart, Strauss y todos esos nombres fundamentales de la música clásica. Luego pasaron los años y por los avatares propios de la vida, llegué acá por primera vez hace tres años. Entonces ya sabía muchas cosas más sobre Austria, pero no sabía nada de Oberosterreich.

Oberosterreich, que significa Alta Austria, es uno de los nueve estados de Austria, el tercero más grande, con un millón y medio de habitantes. Su capital es Linz, de donde vienen muchos amigos que tengo acá. Linz resulta ser una de las ciudades más interesantes de este país: antes era una ciudad industrial sin nada especial, pero en los noventas tuvo una escena underground muy interesante -imagino que para sacudirse del aburrimiento- y hoy es una ciudad con personalidad y cultura. Tiene muy buenas escuelas, universidades, festivales y artistas. Luego hay otras también importantes como Wels, pero en general, Alta Austria está delimitada por Alpes, Ríos, Lagos, Valles y cualquier pasaje de ensueño que te puedas imaginar.

Curiosamente, cuando pienso en este lugar, pienso en mi niñez y recuerdo a mi madre, cuando armaba sus rompecabezas de 5000 piezas sobre la mesa del comedor de la casa. Recuerdo lo especial que era para ella, como un ritual, trabajas en ellos por semanas, hasta que lentamente se empezaba a ver una fotografía de un paisaje perfecto, con un lago limpio, un sol brillante y unas montañas puntiagudas que se reflejaban en el agua, como también unas casas de colores, hermosas, donde alguna vez quería yo vivir porque era el lugar más bonito del mundo. Cuando mi mamá terminaba sus rompecabezas entonces yo veía fascinado los Alpes sobre la mesa del comedor.

Hoy, con mis ojos de 34 años, sigo mirando así estos paisajes que veo en Alta Austria. Ahora en 3D y full color.

El derecho a no saber (y no entender)

Ahora que estoy en A2.2 y que el nivel ha aumentado me encuentro con un nuevo reto en mi proceso de aprendizaje de alemán: decir “no entiendo”.

Cada día, me encuentro ante nuevas situaciones en clase. Nuevos verbos, sustantivos, adjetivos, formulación de oraciones, conjugaciones, etcétera. Algunas las entiendo, las deduzco, otras (muchas) no. A veces me animo y digo “entschuldigung, ich habe nicht verstanden” (disculpe, no he entendido) y pido a la profesora que me lo explique otra vez. Pero otras veces me quedo callado.

¿De dónde viene la vergüenza de no saber? No sé si les pasa, pero a mí me ha pasado muchas veces en mi vida esto de no preguntar cuando no sé algo. Es absurdo creer que uno sabe todo y no necesita explicaciones. Un desborde de ego y falta de humildad.

Admiro mucho a la gente que pregunta por cada cosa que no sabe (también me caen muy mal a veces, pero tal vez lo que me cae mal de ellos es lo que me cae mal de mí).

Ahora pienso en uno de mis mejores amigos del Perú, gran guitarrista, que cada cosa que recibe (por libros, por películas, por conversaciones) todo lo pasa por la reflexión, por la duda, por la comprobación y por la experiencia. Lo he visto enfocarse en un solo y muy pequeño aspecto de un acorde musical, como tratando de descifrar un pequeño misterio y trabajar hasta resolverlo. Y lo admiro por eso.

El aprendizaje solo sucede cuando entra a tu cuerpo, hace reacción contigo y eres capaz de experimentar el conocimiento por ti mismo. La pregunta es el elemento primordial de esta reacción.

La pregunta abre las puertas.

Truth

Hace unos días fui a un concierto de jazz por el cual había esperado meses. Llegué a la sala muy emocionado porque sabía que vería algo especial, tal vez como ver a John Coltrane o Miles Davis en su mejor momento. Iba a ver a Kamasi Washington, saxofonista de Estados Unidos, para muchos, la nueva leyenda del jazz.

Sin embargo, el concierto se canceló por un terrible malentendido: un guardia de seguridad peleó con un miembro de la banda (que justamente era el padre de Kamasi). Yo justo llegaba cuando vi todo, vi cómo se insultaban mutuamente en inglés y se empujaban. La banda salió al escenario una hora más tarde, explicando que no tocarían esa noche por protesta, salvo una canción, llamada “Truth”. Y así fue, tocaron esta, y se fueron. Al final, todos fuimos víctimas de una pelea absurda.

Disculpen que, siendo un blog de idiomas y cosas felices, escriba sobre esto. Es que es serio, y aquí va la reflexión: cuando volvía a casa pensaba en las diferencias, en el odio, en el amor, en el ego, en el perdón. Pensé también en los idiomas. En la música. En los lenguajes. Pensé en cuánto empiezo a entender a otro desde que comprendo lo que dice. Desde que aprendo alemán, siento que mi mundo se expande y mis posibilidades comprensivas también. Pensé que el mundo sería mejor si aprendiéramos idiomas. Si nos animáramos a hablar otras lenguas. La lengua del otro.

Hoy aprendo alemán y ya sé cuál quiero estudiar después: quechua, uno de los 46 idiomas de mi país. Quiero conversar con la gente de los pueblos de mi país en su idioma. Escucharlos. Sentirlos. Ser parte de ellos. No sé si me explico, pero en resumen aquí va: creo que aprender un idioma nos puede enseñar también a aprender del otro.

Sé que la vida no me va alcanzar para aprender todo lo que quisiera, pero sé que puedo ser más amoroso con el mundo aprendiendo idiomas. Porque al final, lo que falló esa tarde en la puerta del concierto no fue el idioma, fue la falta de amor.

¡Fui al Ópera!

Los que han seguido mis historias en este blog recordarán lo mucho que me gusta la música y también que he escrito un par de veces sobre el Ópera de Viena (der Wiener Staatsoper), la sala de conciertos más importante de la ciudad.

Bueno, hace muy pocos días fui a ver uno de los conciertos más bonitos de mi vida. No fue de ópera, sino una presentación de Gilberto Gil, uno de los cantautores brasileños más importantes de la música popular del mundo. El compositor mezcla ritmos tradicionales de Brasil, con rock, jazz, psicodelia y etcétera, con una identidad especial muy propia. Lo he escuchado desde hace muchos años y estoy muy feliz de haber podido ir a verlo. Gilberto Gil tocó en el Festival de Jazz de Viena, donde también se presentaron Omara Portuondo (una leyenda viva de Cuba) y el famosísimo Bobby McFerrin, con su “Don´t worry, be happy”.

¿Qué me pareció el Ópera? Mucho más pequeño de lo que imaginaba, aunque sí es muy alto, como un gran cilindro. Al centro están los asientos principales, y los rodean los balcones típicos que uno se imagina cuando piensa en un teatro viejo (sí, esos donde están los francotiradores). Algo así. También me pareció muy elegante, mucha gente muy bien vestida, de etiqueta en modo “realeza”. Interesante, no tanto mi estilo, pero divertido verlo.

La arquitectura del lugar es espectacular. Solo el ingreso, antes de ir a la sala, es un espacio hermoso lleno de detalles. Creo que uno necesitaría días para ver con detenimiento solo esta zona del Ópera.

En el concierto, el sonido era increíble, y al final, toda la gente de pie, convirtiendo el prestigioso Ópera de Viena en un campo de baile. Un maestro Gilberto Gil y una bendición enorme estar acá y poder ver estos conciertos.

Mientras se pueda, hay que estar atento a las cosas que pasan por acá y ver qué tiene Viena que ofrecer. Siempre hay algo muy bueno sucediendo.